4.8.11

Una mesa, dos sillas, un cenicero con un cigarrillo consumiéndose, nosotros.
El aire viciado nos acorta la respiración, nos agita. Los nervios me inquietan y esa sensación rara en el estómago me hace sentir aún peor.
Siento que fallé una vez más. Me miras y piensas.
Me aterra el sólo pensar que podrías estar odiándome en este preciso momento.
Odio me desequilibrio frente a vos. Detesto la forma en que me miras cuando te enojas y más cuando sé que es con verdaderos motivos.
Pero de cada paso en falso que dí, algo aprendí. Y esta vez ya no habrá lagrima que te haga regresar.
Me deseas buena suerte y ojalá que encuentre a alguien que me quiera más que vos, aunque lo dudes.
Si pudieras entender lo que me cuesta respirar, sin respirar tu aire, vivir sin sentir la brisa que dejas al caminar. Si supieras que cada mañana me cuesta más levantarme sin sentirte y que mi sonrisa no es la misma desde que no estas. Que extraño tus caricias, tus abrazos, tus palabras y hasta tus insultos. Si entendieras que te volviste indispensable para mi, posiblemente ahora me estarías abrazándome, refugiándome en tus brazos, quizás sea mi culpa que no lo sepas. Seguramente.
Nunca aprendí a expresar lo que siento, nunca confié en mi misma y siempre dependí del resto y del qué dirán.
Y hoy no me queda más que pedir Perdón.

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